En el siglo XVII, la observación de la naturaleza comenzó a superar la autoridad de los clásicos renacentistas, impulsando un enfoque empírico en la medicina. Thomas Sydenham fue notable en este cambio, que también vio la formulación de la teoría miasmática y la creación del concepto de especie morbosa. Un óleo en la iglesia de Santo Domingo en Antequera, encargado por el cirujano Juan Bautista, napolitano, ilustra la epidemia de peste de 1679. La obra destaca tanto el empirismo médico como la profunda devoción religiosa. Representa la desesperación de la ciudad, la intervención divina mediante la Virgen del Rosario, y actos médicos empíricos como la cauterización. Este cuadro refleja la mentalidad barroca andaluza, donde religión y ciencia coexistían. La respuesta a la peste incluyó confinamientos y procesiones, con milagros atribuidos a la Virgen. La obra permite comparar la gestión de epidemias del pasado con la pandemia de Covid-19, subrayando la importancia de la ciencia y la esperanza.
In the 17th century, the observation of nature began to surpass the authority of Renaissance classics, fostering an empirical approach in medicine. Thomas Sydenham was notable in this shift, which also saw the formulation of miasmatic theory and the creation of the concept of morbid species. A painting in the Santo Domingo Church in Antequera, commissioned by surgeon Juan Bautista, napolitano, illustrates the 1679 plague epidemic. The work highlights both medical empiricism and deep religious devotion. It depicts the city's despair, divine intervention through the Virgin of the Rosary, and empirical medical practices such as cauterization. This painting reflects the Andalusian Baroque mentality, where religion and science coexisted. The response to the plague included quarantines and processions, with miracles attributed to the Virgin. The artwork allows for a comparison between past epidemic management and the Covid-19 pandemic, underscoring the importance of science and hope.
En el siglo XVII se comienza a superar la autoridad de los clásicos procedentes del Renacimiento y se ensalza el valor de la observación de la naturaleza como mecanismo fiable para comprender la realidad. Este movimiento de observación fue impulsado en un primer momento por el intento de cotejar las diferentes versiones de los manuscritos clásicos, las cuales fueron modificadas por traducciones y copias a lo largo de los siglos, para obtener la copia más auténtica u original.
Este movimiento revisionista también se trasladó al ámbito de la medicina y dentro de él al de las epidemias. Ahora, el concepto de enfermedad dejaba atrás el humoralismo y evolucionaba a entender la enfermedad como un conjunto de síntomas observables. La descripción y ordenación de signos y síntomas observables conduce al empirismo clínico, en el que destaca la obra de Thomas Sydenham (Cunninghan, 2018). En el área de las epidemias encontramos la creación del concepto de especie morbosa, entendida como un modo de enfermar que es reiterado en multitud de casos. Además, en este siglo es cuando se formula y empieza a extenderse la teoría miasmática que dará lugar al saneamiento y programas de salud pública de muchas ciudades europeas y a métodos para combatir los miasmas en tiempos de epidemia.
Para ilustrar la mentalidad barroca ante las epidemias, me propongo analizar un óleo expuesto en la iglesia de Santo Domingo en Antequera, que alude a la epidemia de peste que sufrió la ciudad en 1679 (Molina, 2021). La obra destaca la atrocidad con la que vivieron la epidemia los antequeranos, manteniendo a pesar de ello la esperanza de la salvación gracias a su devoción a la Virgen del Rosario (
Se trata de un cuadro en forma de exvoto, tipo naif, anónimo, que según expresa en la leyenda fue costeado por el cirujano mayor de la ciudad Juan Bautista, y posteriormente renovado por un devoto en 1737. En el lienzo se pueden distinguir tres planos diferentes (anterior, medio y posterior) y una leyenda en el pie de la obra. La leyenda explica el contenido de lo representado, situando mediante numeración los elementos que considera esenciales (hospital, carneros, convalecencia, corregidor, lugar de predicación y cirujano). La transcripción, que respeta la grafía, pero explicita las abreviaturas para una mayor comprensión, es como sigue:
Este texto cuenta cómo tras la declaración de la epidemia el 12 de mayo 1679, en la ciudad de Antequera, se produce el confinamiento de varios barrios y hospitales saturados de pacientes. Además, narra cómo los antequeranos, devotos a la virgen del Rosario, mediante la intercesión del corregidor y los comisarios solicitan al prior la procesión de la virgen del Rosario por las calles de la ciudad. Los acontecimientos milagrosos se suceden en la misma, como señales de la intervención divina: la terminación de la tormenta, el arcoíris sobre la iglesia de Santo Domingo y el cese de fallecimientos en el hospital. El acto de agradecimiento público consistió en declarar patrona de la ciudad de Antequera a la virgen del Rosario y 8 días más tarde sacarla en procesión de acción de gracias, entre nuevas señales maravillosas.
Sobre la leyenda, en un primer plano, encontramos diferentes escenas que representan la asistencia prestada por médicos y cirujanos a los epidemiados: sajado y cauterización de las bubas, transporte de enfermos, asistencia religiosa, etc. (
En un segundo plano, vemos la representación de la ciudad de Antequera, donde destaca el hospital San Juan de Dios, que ocupa una posición central en el cuadro (
En el fondo o último plano encontramos tres elementos con un fuerte carácter simbólico: las flechas cayendo sobre la ciudad de Antequera, que simbolizan la llegada de la peste; la virgen del Rosario apareciéndose en el cielo; y el arcoíris en el cielo como ya se ha mencionado antes (
De la observación detallada de la obra podemos extraer algunas interpretaciones. La presencia del simbolismo religioso: las flechas cayendo sobre la ciudad representarían la maldición que está cayendo sobre ella en forma de epidemia pestilencial. La desesperación de la población ante la situación con el hombre suicidándose. O la imagen de la Virgen del Rosario representada en el cielo como puerta a la esperanza ante el fin de la epidemia que se cierne sobre la ciudad. La obra nos muestra un rasgo de la mentalidad barroca andaluza, con explicaciones desde un punto de vista religioso tanto de las desgracias como de las bondades que ocurren a la población (León Vegas, 2007).
Como aparece narrado en la leyenda, la procesión de la virgen del Rosario fue utilizada a modo de mediación ante el castigo divino que suponía la epidemia de peste (flechas). Según la historiadora Milagros León Vegas, el hecho de la bajada de casos y la incidencia de la peste no se debería si no a la lluvia que precedió el desfile procesionario: "
Paralelamente, encontramos actos médicos ya basados en el empirismo como la cauterización de las bubas o la forma en la que se gestionan las epidemias en este momento histórico. De esta forma se ven ilustradas diferentes imágenes del tratamiento de pacientes en un primer plano dándoles una importancia relevante, sobre todo resaltando el rol del médico y cirujano dando instrucciones, representado en la figura de Juan Bautista.
También, se resaltan instituciones ya consolidadas de atención sanitaria como son los hospitales, en este caso el hospital de San Juan de Dios, situado en el centro del lienzo. Esta posición destacada tiene sentido porque unos años antes, en 1667, el obispo de Málaga, fray Alonso de Santo Tomás, había entregado el gobierno del Hospital General de la ciudad a los hospitalarios de San Juan de Dios, para subsanar el déficit económico y la falta de respuesta de la institución (León Vegas, 2012).
Como último aspecto, la gestión de la epidemia se ve representada en la quema de objetos contagiados y en el transporte de enfermos y cadáveres en carros por las calles, estos últimos serán sepultados en fosas comunes. En los años 80 se excavaron algunos de estos carneros en San Zoilo, en pleno corazón de Antequera, aunque existen documentados muchos más distribuidos por toda la ciudad (Sierras, 2018).
En la contemplación del cuadro es inevitable la evocación a la pandemia de Covid-19 que azotó al mundo en 2020. La población se confinó en sus casas, los hospitales rebosaron con pacientes enfermos, los cadáveres se hacinaron en los cementerios y crematorios y surgieron corrientes religiosas en diferentes países y culturas dando explicaciones al fenómeno. Incluso se podría decir que la situación que se vivió en nuestra sociedad tecnológicamente avanzada podría ser peor a la vivida en esta época si nos planteamos los problemas de ansiedad y desesperación, al saber el recuento de muertos y enfermos por los medios de comunicación o la desinformación y difusión de bulos por las redes sociales.
Estos elementos pusieron en jaque no solo al sistema sanitario como consecuencia de la enfermedad, sino también a la salud mental de la población. Si bien en el siglo XVII el concepto de ansiedad o depresión entendidas como enfermedad no estaban acuñados y la población en sus casas no era plenamente consciente del número total de fallecidos. Lo que resulta evidente es que la Covid-19, como las antiguas epidemias de peste, deben hacernos pensar y recapacitar sobre cómo afrontar futuras epidemias de una manera más efectiva.
La imagen expuesta en la iglesia de Santo Domingo no es sino una oportunidad de aprender sobre la hostilidad vivida en la población de Antequera durante la epidemia de peste, donde el pueblo se aferra a su devoción por la virgen del Rosario como figura de la esperanza. A su vez, el óleo nos permite extrapolar la experiencia de unos hechos que se vivieron en el siglo XVII a nuestro tiempo donde también se vivieron situaciones angustiosas por la pandemia de Covid-19 y donde la esperanza se depositó en la ciencia principalmente. Precisamente es esta, la ciencia, la que podría estar vislumbrándose como un estilo de vida en nuestro tiempo coexistiendo con la religión, que ha perdido fuerza. Incluso se podría entender la obra analizada como una transición: por un lado, el empirismo científico, y por otro, las procesiones y la religiosidad.