Texto íntegro de la conferencia pronunciada por el autor en el Salò de Graus de la Facultat d'Infermeria i Podologia de la Univesitat de València el 19 de febrero de 2024 con motivo de su nombramiento como académico de honor de la Academia de Enfermería de la Comunitat Valenciana.
La enfermería, como profesión y disciplina, se ha desarrollado a través de valores que guían el comportamiento de los enfermeros y enfermeras, adaptándose a las necesidades de cada época. Este desarrollo ha sido influenciado por corrientes racionalistas y constructivistas. Aunque la sociedad actual enfatiza la utilidad y la cantidad sobre la calidad, las enfermeras han mantenido una mochila intelectual sólida, basada en valores universales como la honestidad, el respeto y la empatía. A lo largo de la historia, figuras como Juan de Dios y Florence Nightingale han transformado la enfermería, enfocándola en la dignidad humana y la evidencia científica. Actualmente, la enfermería se encuentra en un punto de inflexión, donde la ciencia ciudadana y la participación activa de la sociedad pueden marcar un nuevo hito en su evolución, promoviendo la implementación del conocimiento con responsabilidad y buscando la continuidad del progreso científico en la disciplina.
Nursing, as a profession and discipline, has evolved through values that guide the behavior of nurses, adapting to the needs of each era. This development has been influenced by rationalist and constructivist currents. Although contemporary society emphasizes utility and quantity over quality, nurses have maintained a solid intellectual foundation, based on universal values such as honesty, respect, and empathy. Throughout history, figures like Juan de Dios and Florence Nightingale have transformed nursing, focusing on human dignity and scientific evidence. Currently, nursing stands at a turning point, where citizen science and active participation of society can mark a new milestone in its evolution, promoting the implementation of knowledge responsibly and seeking continuity in scientific progress within the discipline.
Excmo. Sr. Vicepresidente, Sras. y Sres. Académicos, Señoras y Señores:
Fue por el idus de marzo, apenas hace un año, cuando recibo la llamada del secretario de la Academia de Enfermería de la Comunidad Valenciana, Dr. Francisco Faus, para pedirme información sobre ciertos personajes históricos a los que se pretendía honrar desde esta honorable institución. Para los romanos, los idus eran días de buenos augurios y en este caso parece que lo fueron para mí, pues en otra llamada algunos meses después, el Sr. Secretario me preguntaba si aceptaría que se me incluyese honoríficamente entre los miembros de esta Academia. Pensé que nunca una insignificante información fue tan honrosamente recompensada.
Vaya por delante mi sincero agradecimiento, con el de mi esposa María González López aquí presente, con quien en justicia debo compartir todos los honores que recibo. En este caso me siento especialmente horado por la oportunidad de reencontrarme con tantas amistades cultivadas desde largo tiempo, con el privilegio de expresarles mi gratitud una vez más, pero en persona. Los abrazos deben ser una de esas raras cosas que aún no son capaces de sustituir las inteligencias artificiales.
La enfermería, como desempeño humano por excelencia, precisa el sostén de los valores para sujetarse a la sociedad a la que sirve. Esta es la razón por la que quise centrar este discurso en el papel que los valores han desempeñado en la evolución de la Enfermería como profesión y como disciplina. Como historiador de la profesión, he llegado al convencimiento de que la de la enfermería es en cierta forma la historia de una búsqueda constante de circuitos o códigos de anclaje en sistemas de valores que guían el comportamiento de las enfermeras y enfermeros y nos orientan en la toma de decisiones. Esto nos ha dotado de una capacidad asombrosa para adaptarnos a la realidad de cada momento sin tapujos ni complejos.
Siempre he defendido que la enfermería se ha construido a través de una doble vía: el itinerario de la conciencia y el de la ciencia, las dos principales manufacturas de valores. Las enfermeras del siglo XXI somos el resultado de la confluencia de ambos caminos. Lo que explicaría algunas de las dualidades y tendencias con las que expresamos el sentido que le damos a nuestro quehacer profesional.
Un número creciente de profesionales adoptan una posición de corte racionalista, categorizando los procesos de cuidado (la seducción de las listas que diría Umberto Eco), adoptando lenguajes estandarizados y normalizando procedimientos en aras de una mayor seguridad clínica del paciente. Otros, en cambio, se inscriben en corrientes constructivistas, optando por seguir con mayor compromiso la invitación de la OMS a reconocer en la persona su componente biológico, psicológico, cultural, social y espiritual, y por tanto dirigiendo el cuidado a sus dimensiones física, social y mental. A su ser integral u holístico solemos decir.
Exploramos con una cierta obsesión las prácticas más seguras basadas en evidencias, a la vez que sembramos iniciativas para promover la humanización de la asistencia, garantizando la protección que procura la Ética del Cuidado. Si unas enfermeras siguen a Henderson en su jerarquización de necesidades humanas básicas, o a Gordon y sus patrones funcionales, otras se inspiran en la teoría del Cuidado Humano de Watson, o en el Cuidado Transcrultural de Leinninger, por citar algunas de las múltiples teorías que arman el patrimonio intelectual de la enfermería. Porque si algo distingue a esta profesión es su necesidad de pensar cada momento de su pasado y de su presente.
Es cierto que nos ha tocado vivir en una sociedad utilitarista en demasía, alimentada por unos sistemas de incentivos que priman la cantidad sobre la cualidad, que las instituciones asumen por su facilidad de uso. Pero que producen unos evidentes efectos perversos, como el síndrome que he llamado
Pero en todo ello juegan las apariencias. Observemos los entornos de práctica profesional donde las enfermeras actúan con autonomía, procurando bienestar y resultados en salud en la población a la que cuidan, sea enferma o sana. Y miremos su mochila intelectual: contiene unos ingredientes muy sólidos que explican el efecto transformador que producen: honestidad, respeto, responsabilidad, justicia, empatía, tolerancia… Todos ellos son valores universales que nos remiten al origen del pensamiento clásico.
Aulus Gellius afirmaba que la persona humanista se sustentaba en 3 pilares: la (a)
Antes he hablado del itinerario de la conciencia, que la enfermería ha transitado para cuidar a las personas socialmente más vulnerables. Me detendré unos minutos en explicarme, porque responde a lo que he llamado la
Cuando pensamos la enfermería de siglos pretéritos, si es que aceptamos situar en ellos este desempeño, tendemos a imaginarnos a frailes de misa y olla dedicando más tiempo al
En la amplia sala de un hospital medieval, ante las camas de los escuálidos pacientes, aparecen cuatro maestras de novicias pulsando la mano a sus pacientes mientras enseñan el arte de la Enfermería a sus jóvenes discípulas. Hasta ahí todo parece normal, si no fuera porque el iluminador (el pintor) se tomó la licencia de colocar en la mano de las maestras objetos muy concretos: un enorme bastón, las bridas de una caballería, un torreón y una balanza. Con una leyenda:
Lo llamativo es que, pese a su condición de religiosas, optan por representar las virtudes cardinales, las que Platón ideara para formar ciudadanos relevantes, útiles y perfectos. El bastón de la prudencia, que viene del ejercicio de la razón; las bridas de la templanza, que representan el equilibrio, la moderación y el autocontrol; la torre de la fortaleza, sinónimo de la energía para no rendirse ante la dificultad del cuidado; y la balanza de la justicia, para cuidar con equidad e igualdad de oportunidades. La Iglesia, al instrumentalizar el cuidado como ideología, introduce un paquete de virtudes complementarias, las teologales, que veremos representadas de manera recurrente en los templos: fe, esperanza y caridad. Los valores tienden a adaptarse a cada tiempo y contexto en función de lo que se considera bueno y justo.
Sala de enfermería del Hotel Dieu. Paris, 1482
El milenario Hôtel-Dieu, situado a un costado de Notre Dame, aún presta servicio como hospital del sistema sanitario público. Si viajan a Paris, accedan a su claustro interior y déjense inspirar por el espíritu de aquellas enfermeras medievales.
La enfermería de un hospital de San Juan de Dios en la época colonial, ilustración mexicana
Regresemos ahora a nuestro país. Medio siglo más tarde, en los albores ya del Renacimiento, la enfermería está en manos de un batiburrillo de oficiales con cuerpos doctrinales difusos: barberos sangradores, cirujanos romancistas, comadres, además de hospitaleros y enfermeros y enfermeras religiosas que se ocupan de las enfermerías conventuales. Es entonces cuando aparece por la ciudad de Granada un soldado de origen portugués que sorprenderá a la ciudadanía con su extraño método de asistir a enfermos y desheredados de la fortuna. Sus contemporáneos hablaban de la manera nunca vista (hoy diríamos innovadora) con que Juan Ciudad Duarte atraía recursos para dotar a sus hospitales: "hermanos, haceos el bien a vosotros mismos", era su grito de guerra.
El gran hospital de Juan de Dios, que así se le terminó llamando, se convertirá en el epicentro de una profunda reforma de la enfermería hospitalaria. Sus claves: (a) acercarse al enfermo desde la dignidad de la condición humana y el derecho a recibir un trato igualitario con independencia de su condición social, (b) un modelo renovado de organización hospitalaria con énfasis en la alta gobernanza, y (c) una nueva enfermería como profesión orientada a la satisfacción de las necesidades humanas, enseñada en escuelas o casas de aprobación y cuyo saber se condensa en manuales de formación.
El
Hasta una veintena de textos de Instrucción de Enfermeros o Arte de Enfermería se van a publicar entre los siglos XVII y principios del XIX, algunos con múltiples ediciones, incluso traducciones al portugués. En la lectura de estos pioneros textos educativos, escritos por enfermeros para formar a otros enfermeros, se condensa el primer
Pero resulta chocante que un personaje de condición cuasi-menesterosa como Juan de Dios lograse erigir una de las principales instituciones de la ciudad, equiparable al gran hospital fundado pocos años antes por los Reyes Católicos. Y lo cierto es que solo puede explicarse por haber recibido el apoyo de dos influyentes intelectuales de su tiempo: el jesuita Juan de Ávila y el arzobispo Pedro Guerrero, contrarreformistas tridentinos, representantes de un humanismo cristiano que abogaba por una caridad particularista, para diferenciarse de la iglesia luterana. Los nuevos hospitales fueron su estandarte.
Las confraternidades enfermeras se añaden un cuarto voto, el de la hospitalidad, que dará nombre al que hoy reivindicamos como el primer modelo de enfermería de la historia perfectamente articulado. Las órdenes de la hospitalidad (juandedianos, obregones, camilos, hipólitos, betlemitas, hijas de la caridad y un largo etc.), se diseminarán por el orbe católico en forma de complejas redes hospitalarias cuya acción cuidadora se extenderá hasta las primeras décadas del siglo XIX en que serán desmanteladas en su mayor parte como consecuencia de los procesos de desamortización de los bienes eclesiásticos. Benassar reconoce que los historiadores aún no han sido capaces de cuantificar la ingente cantidad de recursos que estas organizaciones enfermeras lograron mover para atender a la sociedad más precarizada.
El último manual de la época áurea, publicado en 1833, el
Todos conocemos la trayectoria de la que es sin duda la más universal de las enfermeras: Florence Nightingale. Y su gesta en el hospital de Scutari en el cuidado a los soldados heridos en la guerra de Crimea. Además de circular por las noches entre las interminables galerías del hospital, afanándose en visitar a los enfermos a la luz de una lámpara turca, Nightingale dedicaba muchas horas a la anotación meticulosa de la casuística sanitaria. Lo hizo con suma creatividad, elaborando su famoso diagrama de la rosa, un incipiente gráfico de sectores donde mostró que seis meses de cuidados enfermeros intensivos lograron disminuir la mortalidad del 42% a solo el 2%. El cuidado de enfermería ya no es solo cuestión de caridad, sino principalmente de calidad en la asistencia.
Las representaciones estadísticas de la "Dama de la lámpara" fueron enviadas al gobierno británico para demostrar científicamente que el cuidado integral de la persona en su entorno previene la enfermedad y produce resultados efectivos en el restablecimiento de la salud. Y a la vez reclamaba para la mujer, a la que indiscutiblemente se reconoce su mayor competencia cuidadora, un plano profesional del cuidado que se concretó en la profesión enfermera que hoy conocemos.
Si el modelo juandediano de la hospitalidad había alcanzado su mayor apogeo en el orbe católico, será ahora el territorio reformado el que se hará eco del modelo naturalista de Nightingale, que terminará expandiéndose de manera universal. Amparado uno en la conciencia moral y otro en la evidencia científica, ambos modelos demostraron el efecto transformador del cuidado cuando se realiza con rigor y en un marco ético sustentado en el reconocimiento de la igualdad de derechos de las personas ante un bien común como es la salud.
Podíamos pensar que estos hechos ocurrieron hace demasiado tiempo como para considerarnos hoy deudores directos de su efecto reformador. Esta es la secuela de la desmemoria, que es el principal alimento de la invisibilidad. Lo cierto es que, las acciones sustentadas en sólidos valores como los relatados hoy, se comportan como el fuego que elimina las impurezas, como el agua que abona la tierra donde emergen brotes verdes que van a crecer a merced del viento vivificador. Fuego, agua, tierra y aire, los cuatro elementos que han conformado las doctrinas humanísticas que han atravesado la historia de la humanidad.
¿Cuáles son esos brotes verdes que desde tiempos tan remotos han dibujado el paisaje de la enfermería arropada por la ciencia y la conciencia que hoy hemos heredado? Pues fíjense para qué sirve la historia: desde que en 1860 se crea la Escuela Nightingale en el St Thomas`s Hospital de Londres, de manera ininterrumpida hasta nuestros días, cada 20 años, aproximadamente, se ha producido un nuevo hito en la evolución del conocimiento enfermero.
En 1880, el modelo educativo Nightingaliano ya se había instaurado en las Escuelas de Enfermería de todos los continentes, y dos décadas después, coincidiendo con el nuevo siglo se publica la primera revista de enfermería con una sección dedicada a artículos de investigación,
Como diría Don Hilarión, también la Enfermería avanza que es una barbaridad. Lo prueba la historia. Lo que no nos puede decir la historia es en qué hito andamos envueltos en nuestra década, porque según la secuencia tácita de nuestra natural evolución deberíamos estar cultivando nuevos brotes. ¿Cuál será el nuevo hito evolutivo? Como no somos adivinos, no nos queda otra que apelar a la ciencia deductiva de Sherlock Holmes. Si acabamos de transitar por el acontecimiento sanitario más importante desde hace un siglo, como ha sido la pandemia de Covid-19, obligado será que le pongamos la lupa.
Y entre las múltiples enseñanzas que hemos recibido cuando el cuidado se sitúa en un escenario de suma adversidad, está el valor redentor que tiene el conocimiento. La capacidad de adaptación, la empatía, el compromiso, el liderazgo, el poder de la toma de decisiones, el deber de innovar, la honestidad en el trato… son valores que solo pueden transformar la realidad a través del conocimiento aplicado. Es la vía de los hechos que nos enseñaron líderes como Juan de Dios o Nightingale.
El concepto de
En la capacitación de las profesionales otorgamos especial importancia a la actualización continua a partir de un modelo de lectura crítica de la literatura científica con fines de implementación que llamamos
Finalizo ya.
A las instituciones, de salud, educativas, profesionales: equidad, respeto, seguridad, transparencia, trabajo en equipo, innovación… no son una letanía de palabras para
Y a las enfermeras, especialmente a las nuevas generaciones. Démosle a la ciudadanía la oportunidad de reconocernos por lo que valemos las enfermeras. Pasemos de las palabras a los hechos, de los valores a los deberes, pues somos una profesión moralmente responsable. Las competencias ético-humanísticas son nuestro motor y los valores el adhesivo que nos sujeta a la sociedad.
Leed a Eduardo Galeano. Cuando no veamos el horizonte, revivamos nuestros valores, porque como el horizonte, aunque al caminar parezca inalcanzable, son los que nos ayudan precisamente a eso, a caminar.
Muchas gracias.
Nota: Aunque la naturaleza de este documento no admite la introducción de citas, solo al objeto de clarificar sus fuentes, se utiliza el siguiente apartado de Bibliografía para incluir las referencias a trabajos del autor donde se recoge y amplía el argumentario de esta conferencia.