index Index de Enfermería Index Enferm 1132-1296 1699-5988 Fundación Index Spain 1132-1296-index-33-e14951 10.58807/indexenferm20246797 00001 Editorial Transformación digital: no hay ética sin estética Villanova-Tallada Mª Pilar Servicio de Desarrollo de Competencias de Enfermería Comunitaria, Hospitalaria y Unidades de Apoyo. Secretaría Autonómica de Sanidad. Valencia, España Secretaría Autonómica de Sanidad Servicio de Desarrollo de Competencias de Enfermería Comunitaria, Hospitalaria y Unidades de Apoyo Valencia España Correspondencia: villanovamail@gmail.com 13 12 2024 Jul-Sep 2024 33 3 e14951 Este es un articulo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons

En un momento como el actual, donde la tecnología transforma como una apisonadora y el tiempo pierde a menudo su esencia en pro de las prisas, pensar y reflexionar, volver al pensamiento más humanista, puede ser una grata experiencia.a

En un principio, hablar de filosofía dentro del mundo tecnológico puede parecer tratar de relacionar dos materias muy alejadas, salvo por algunos aspectos éticos, imprescindibles de contemplar, aunque no siempre preceden al desarrollo de las soluciones, ni siempre son tenidos en cuenta, desafortunadamente.

Más allá de ética filosófica, queremos poner el foco en la estética, una de las ramas más viejas y nuevas de la filosofía, dado que el término estética proviene del griego αἰσθητική (“aisthetiké”). Ha tenido múltiples definiciones a lo largo de la historia y ha sido motivo de reflexión desde la época socrática hasta ahora. Su concepto y sus connotaciones han ido evolucionando a lo largo de la historia, desde la acepción greco-latina primitiva, que ya remitía al territorio de la percepción, la sensación y la sensibilidad (de la recepción, en suma) hasta su relación con la belleza y su valoración, tanto en el arte como en la naturaleza y en lo cotidiano.

Yuriko Saito es una filósofa japonesa-estadounidense, profesora emérita de la Escuela de Diseño de Rhode Island, especializada en estética. Una de las bases de su trabajo es la filosofía del wabi-sabi, un término que se refiere al aprecio por la fugacidad de la imperfección y que resulta intraducible en nuestra lengua, ya que es inherente a la cultura japonesa. En esencia, wabi significa “la elegancia de la humilde simplicidad” y sabi “el paso del tiempo y el subsiguiente deterioro”. De la combinación de ambos términos surge el wabi-sabi.

Otro concepto tradicional japonés que trabaja Saito es el kitsugi, un método de reparación de fracturas de objetos con oro para hacer énfasis en la belleza de su reparación. Estos son conceptos bastante poco usuales en nuestra cultura, pero cuesta poco pensar que pueden tener cierta relación con la reparación de la salud y con la creación de la tecnología.

Yuriko Saito es un gran referente dentro de lo que ella ha denominado “la estética de lo cotidiano” donde estudia aspectos importantes de aquellos objetos corrientes con los que interactuamos día a día. Ha desarrollado estas reflexiones estéticas en algunos de sus libros como el titulado “Estética del cuidado”,1 en el que hace algunas apreciaciones sobre la necesidad de tener en cuenta no solo los objetos con los que nos relacionamos, sino la manera en la que lo hacemos. Concretamente, Saito define cuatro condicionantes que definen esa estética de lo cotidiano: contexto cultural, atención al entorno, rutinas y costumbres y, finalmente, entorno natural y construido.1

En la actualidad, teniendo en cuenta el momento tecnológico disruptivo tan importante que estamos atravesando, convivimos con conceptos que se consideran básicos para este proceso, pero que pueden quedarse en meras abstracciones de ideas vacías o faltas de valor si no se analizan desde todas las perspectivas posibles.

Se habla de transformación digital cuando en realidad deberíamos hablar en primer lugar de un cambio cultural de la organización y del lugar central que el paciente debería ocupar en ella. En todo este escenario no deberíamos olvidar que en esta transformación profunda del sistema sanitario también va a ser importante incluir, además del concepto de tecnología ética, el de tecnología estética.

Hasta que la tecnología sea ubicua y nuestra interacción con ella sea tan natural como respirar o hablar con otra persona, esto es, mientras no dejemos de tener teclados y pantallas con los que interactuar, para los usuarios (profesionales y pacientes) la tecnología sigue exigiendo tocar un objeto físico, un dispositivo o un asistente que nos permiten relacionarnos con los sistemas y las fuentes de la información.

Actualmente, en la mayoría de los foros tecnológicos se abordan los aspectos de la ética en la tecnología, especialmente con la llegada de las IAs (machine learning, deep learning, IA generativa) poniendo el foco en puntos básicos a tratar como la calidad y la precisión necesaria, la responsabilidad para basar su desarrollo en la investigación (biotecnología, nanotecnología y ómicas) la transparencia, la propiedad y la seguridad de los datos, el cumplimiento normativo del reglamento, la equidad del acceso y el beneficio para la salud, todo ello teniendo en cuenta el impacto en el medio ambiente de todas estas acciones en clara referencia a la sostenibilidad.

Es aquí donde consideramos interesante detenernos un momento para reflexionar sobre el tema del diseño de estas soluciones tecnológicas centrado en el usuario. Si tenemos en cuenta la importancia de la relación de la tecnología con él, podemos decir que tanto la interacción del usuario con una aplicación o dispositivo como su percepción de uso pueden suponer el éxito o fracaso del proyecto.

Introducir aquí el concepto de “estética tecnológica” supone analizar todos estos aspectos y tenerlos presentes en todas las fases del proceso de construcción de nuevas tecnologías, teniendo siempre en cuenta que, además del diseño, es importante la experiencia de uso y el valor que perciben los usuarios en todo momento.

Varios estudios reflejan la importancia de la estética visual en los sistemas de información, de hecho, se confirma el efecto directo que tiene en la satisfacción global de los usuarios.

Además, existe una relación muy clara entre la estética visual y la aceptación de la tecnología por parte de sus usuarios finales en el ámbito asistencial (pacientes o profesionales). Los cuatro aspectos estéticos que se suelen medir en estas evaluaciones son simplicidad, diversidad, colorido y artesanía (en este caso, artesanía es la traducción de “craftsmanship” como característica de un sistema desarrollado de forma cuidadosa, con atención a los detalles, pensando en el usuario).

Los aspectos estéticos en los que deberíamos poner el foco de atención al hablar de la estética tecnológica van más allá de lo que se denomina con el neologismo “usabilidad”, más centrado en medir la facilidad de uso de un producto y de otras cuestiones más técnicas.

Para hablar de estética tecnológica tendremos en cuenta además la sensación que el usuario percibe cuando interactúa con ella, como objeto y como experiencia, mediante la valoración del resultado que obtiene. Será necesario un análisis continuo del valor percibido a través de la retroalimentación y de la evaluación del uso que la gestión le haya ofrecido. Este aspecto se deberá reflejar con indicadores de mejora de la salud y calidad percibida en el caso de los pacientes, y el valor que ha aportado a la asistencia, en el caso de los clínicos.

Por nombrar brevemente algunos de estos principales aspectos estéticos centrados en los sistemas clínicos, destacaremos áreas como la usabilidad a la que nos hemos referido anteriormente, para fomentar un uso intuitivo o minimalista de los productos, velando además por lograr flexibilidad, diseño responsive, patrones predecibles, accesibilidad, seguridad y propiedad de los datos, entre otros. No olvidaremos como fundamental valorar esa experiencia reportada por el usuario, con ciertas similitudes a los PREMS y PROMS que ya se utilizan como mecanismos de medición y que ayudarán a la construcción del valor en salud en nuestros centros sanitarios.

Tampoco debemos obviar que la experiencia del usuario será durante todo el proceso, y no únicamente como resultado del mismo. La participación del usuario debe estar presente desde los inicios de cualquier desarrollo tecnológico para aplicar estos principios con su visión y con su valoración de la calidad estética del mismo, englobando dentro de la calidad estética todos los conceptos introducidos al inicio: cómo percibo que es el objeto, cómo me parece resolver efectivamente una necesidad y cómo me hace sentir al interactuar con él.

Como conclusión, no podemos hablar de ética sin hablar de estética tecnológica, puesto que son conceptos íntimamente relacionados que precisan abordarse de manera conjunta si queremos obtener una tecnología que contemple los aspectos globales necesarios que permitan, no solo minimizar el impacto negativo y los daños colaterales que puede llegar a producir, sino optimizar sus beneficios para todos.

Bibliografía 1. Saito, Yuriko., Aesthetics of Care: Practice in Everyday Life, London: Bloomsbury Academic, 2022. Saito Yuriko Aesthetics of Care: Practice in Everyday Life London Bloomsbury, Academic 2022

De algunas conversaciones informales surgen ideas que nos llevan a profundizar sobre temas que, de entrada, nunca nos habíamos planteado. En este caso, una conversación a tres con Salvador Rubio, Catedrático de Estética y Teoría de las Artes, y con Miguel Ángel Mañez, economista y gran conocedor de la gestión sanitaria, salieron estas reflexiones que comparto de manera resumida.

La imagen que ilustra el artículo ha sido generada por la autora con IA.