El síndrome de
Procusto era un personaje de la mitología griega, también conocido como
El mito de Procusto puede verse materializado cuando el líder de la organización “ajusta” a sus subordinados a un tamaño de cama que sabe
En la academia universitaria el Síndrome de Procusto encuentra su ambiente ideal para concretarse, aunque de una forma más discreta. En la literatura se reporta como una violencia más ligera y escondida, pero efectuada de manera dirigida y constante, conocida como “incivilidad académica”. Se trata de conductas que pueden presentarse entre pares (académicos de un mismo rango) y de manera vertical (jefes de departamento, decanos, etc., a profesores, técnicos académicos, profesores adjuntos). Entre las conductas reportadas existen: crear comentarios o ser partícipe de comentarios de otro compañero o compañera, cargas de trabajo con distribución inequitativa, crear fricciones entre compañeros, entre otros.
El problema es que la academia es la generadora de las nuevas enfermeras. De aquí salen las enfermeras que trabajarán en hospitales, industrias, futuros investigadores, etc. Esas que serán las líderes en las organizaciones del mañana. Es en la universidad donde se siembran las ideas de cambio que serán concretadas por los jóvenes estudiantes al ingresar al mundo laboral, por ello es conveniente una plantilla docente innovadora capaz de ser libre de explotar su talento, mismo por el que fueron contratados cumpliendo con los rigurosos requisitos que ello implica. Y no socavar su práctica docente, de investigador y como académico universitario mediante prácticas administrativas-punitivas que solo derivan en injusticias laborales y de carácter legal. Además de lo anterior, el síndrome de Procusto en la academia puede generar Facultades y Escuelas de Enfermería con un estilo docente limitado, permitiendo que solo cierto perfil, uno más bajo (según la perspectiva del jefe) que no resulte amenazante para el jefe o jefa de departamento de la Escuela o Facultad, permanezca dentro de la institución educativa. Pero ¿se ha considerado que la heterogeneidad de una plantilla de profesores en enfermería en realidad enriquece más a la organización académica? Es aquí donde se sitúa el peligro para la academia en enfermería: urge formar profesionales de enfermería con visión de investigadores y creadores de la práctica independiente de enfermería, cuyos orígenes empiezan en la academia a través de académicos con visión actual y revolucionaria de la enfermería y que además son creadores de conexiones entre la industria y la academia o entre universidades. Entonces, las ideas nuevas en la academia generan semillas de cambio en un sistema y en una profesión en la enfermería donde urge alcanzar la profesionalización de las enfermeras y mejorar las condiciones precarias laborales ampliamente conocidas en el gremio.
La enfermería ha avanzado, muy a pesar de sus actores en el gremio. Sin duda ya no es tiempo de caciques ni tiranías, la academia debería ser el origen del fin de prácticas anacrónicas en la administración del talento humano. A menudo vemos jefes, antilíderes en el sector asistencial y educativo que lejos están siquiera de poseer la trayectoria académica o profesional para estar en mandos de poder. Y peor aún, una persona que ha sido director o directora en una faceta de la enfermería (por ejemplo, en la parte clínico-asistencial) pasa a puestos directivos en la academia sin poseer experiencia académica suficiente. No es posible dirigir equipos de enfermeros académicos al igual que al gremio operativo cuando son organizaciones con direcciones tan distintas.
La pregunta es ¿por dónde empezar? La respuesta seguramente invitará a la reflexión en los diferentes contextos laborales donde se desarrolla la enfermería. Mi propuesta es la siguiente: no siendo parte de la violencia horizontal que este mismo tipo de liderazgo provoca en las organizaciones, a menudo he dicho a estudiantes de los primeros años durante las clases: “no se acostumbren a hacer las cosas sin ayuda y sin ayudar a nadie”. Nunca he estado más en desacuerdo que con mis compañeras que crecieron profesionalmente en ambientes hospitalarios hostiles, que la enfermera o enfermero debe ser capaz de hacer un procedimiento en soledad, puesto que se nos repite la importancia del trabajo en equipo, multi y transdisciplinario. Pero parece que no educamos en el trabajo colaborativo. Si en la academia se forman los líderes del mañana, eso implica educar de modo distinto y dejar que los profesores eduquen de modo distinto y avancen sin obstaculizar el talento.
En el mito griego Teseo obliga a Procusto a probar su propia cama y lo “ajusta” a la misma. En las organizaciones, quienes han sido víctimas de los procusto, a menudo enfrentan largos periodos de acoso laboral y demandas legales. Algunos triunfarán y otros desistirán, en cuyo caso todos sufren: la organización, el gremio y una disciplina que urge progresar como el resto de áreas de conocimiento.