indexIndex de EnfermeríaIndex Enferm1132-12961699-5988Fundación IndexSpain1132-1296-index-33-e1478910.58807/indexenferm2024688300013TeorizacionesLa técnica y la tecnología no son culpables de la deshumanización del cuidado de enfermeríaTechnique and technology are not to blame for the dehumanisation of nursing care0000-0002-3810-5583García-UribeJohn Camilo120000-0001-6343-8702BedoyaOscar Augusto10000-0002-6612-1169ArteagaAníbal1Grupo de investigación en Salud Familiar y Comunitaria, Facultad de Ciencias de la Salud, Corporación Universitaria Remington. Medellín, ColombiaCorporación Universitaria RemingtonCorporación Universitaria RemingtonFacultad de Ciencias de la SaludGrupo de investigación en Salud Familiar y ComunitariaMedellínColombiaGrupo de investigación Cuidado enfermería CES. Facultad de enfermería, Universidad CES. Medellín, ColombiaUniversidad CESUniversidad CESFacultad de enfermeríaGrupo de investigación Cuidado enfermería CESMedellínColombia
CORRESPONDENCIA: John.garcia@uniremington.edu.co (John Camilo García Uribe)
13122024Jul-Sep2024333e147893001202425032024Este es un articulo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative CommonsResumenObjetivo principal:
Problematizar la deshumanización del cuidado de enfermería en relación con la creciente tecnologización del cuidado.
Método:
Articulo reflexivo en el que se propone un análisis conceptual de técnica, tecnología, cuidado de enfermería y deshumanización con base en referentes filosóficos, especialmente de la filosofía de la técnica, haciendo una interpretación particular del mito de Higinio citado por Heidegger.
Resultados principales:
Se proponen tres ejes temáticos, un análisis conceptual de deshumanización, cuidado y técnica; en segundo lugar, se describe el mito de Higinio citado por Heidegger y Leonardo Boff, proponiendo una interpretación que permita una ontología simbiótica entre técnica y cuidado; finalmente, se propone como la técnica es posibilidad del cuidado y el cuidado posibilidad de la técnica.
Conclusión principal:
Cuidado y técnica no son dos conceptos opuestos, ni contradictorios. Ambos son constitutivos de lo humano, por lo que es contradictorio hablar de deshumanización de los humanos y del cuidado, argumentando que son la técnica y la tecnología los grandes culpables de ello.
AbstractMain objective:
To problematize the dehumanization of nursing care due to the increasing technologization of care.
Methodology:
Reflective article in which a conceptual analysis of technique, technology, nursing care and dehumanization is proposed based on philosophical references, especially from the philosophy of technique, making a particular interpretation of the myth of Hyginius cited by Heidegger.
Main results:
Three thematic axes are proposed, a conceptual analysis of dehumanization, care and technique; secondly, the myth of Hyginius cited by Heidegger and Leonardo Boff is described, proposing an interpretation that allows a symbiotic ontology between technique and care; finally, it is proposed how technique is possibility of care and care possibility of technique.
Main conclusion:
Care and technique are not two opposite or contradictory concepts. Both are constitutive of the human, so it is contradictory to speak of dehumanization of humans and care, arguing that technique and technology are the main culprits of this.
Palabras clave:Humanización del cuidadoFilosofía de la técnicaFilosofía de enfermeríaÉtica en enfermeríaKeywords:Humanization of carePhilosophy of technologyPhilosophy of nursingNursing ethicsIntroducción
El cuidado de la salud en los últimos años ha sido objeto de una adjetivación que puede ser problemática: la deshumanización del cuidado y de los servicios de salud. En contraposición a ello, algunos autores como Calvo (2016) proponen humanizar la salud. Con un enfoque desde el humanismo, se pretende resaltar un conjunto de valores, actitudes y prácticas que promueven una auténtica vocación de servicio y dan lugar a considerar al paciente como un semejante que sufre y solicita alivio. De acuerdo con este mismo autor, algunas de las causas de la llamada deshumanización de la salud son el tecnicismo y la tecnologización de la salud. Para García (2021), la humanización de la salud puede ser un concepto impreciso al no reconocer en lo humano disvalores como el egoísmo, la avaricia, la apatía, entre otros. Por consiguiente, deshumanizar la salud tampoco parece ser adecuado para hacer referencia al contrario semántico.
Con la llegada de la pandemia de Covid-19, los servicios de salud mediados por tecnología (telesalud) han crecido de forma exponencial (Omboni et al., 2022). Se espera que con los grandes avances en inteligencia artificial sea mayor el alcance y aplicabilidad en el campo de la salud (Pailaha, 2023). Sin embargo, uno de los temores que persiste con la creciente tecnologización de la salud es la pérdida de la calidez, la compasión y en general la comunicación entre profesionales y pacientes, “porque precisamente el mismo entorno tecnificado anula la capacidad crítica del sujeto, nubla la vista, enmudece la voz e invisibiliza emociones, tanto del que cuida, como del que busca ser cuidado” (García Uribe y col., 2022: 24).
La tesis que se pretende argumentar en este manuscrito es que sin técnica no sería posible el cuidado de la salud y en la contemporaneidad, especialmente, tampoco sería racional prescindir de la tecnología. Por lo tanto, técnica y tecnología son necesarias para el cuidado de la salud, resaltando una condición de necesidad mas no de suficiencia. La técnica es inexorable al cuidado, el cuidado per se es un gesto técnico, incluso hoy en día podría pensarse en un tecnocuidado como una actitud y acción propia de aquel humano que cuida de otros. En este plano conceptual de técnica y cuidado, la deshumanización del cuidado podría ser un contrasentido y estar anidada en visiones instrumentalistas o alienadoras de la tecnología.
Metodología
Artículo reflexivo que tiene por objeto problematizar la deshumanización del cuidado de enfermería a causa de la creciente tecnologización del cuidado. Para ello se propone un análisis conceptual de técnica, tecnología, cuidado de enfermería y deshumanización con base en referentes filosóficos, especialmente de la filosofía de la técnica, haciendo una interpretación particular del mito de Higinio citado por Heidegger. Se recurre a referentes disciplinares del campo de la enfermería para tratar de dilucidar la supuesta contradicción entre técnica y cuidado. Adicionalmente se acude a experiencias de uno de los autores para problematizar el fenómeno de estudio y se toma como punto de partida las disertaciones realizadas en el curso Ontología de la Tecnología, en el marco de la formación en filosofía.
Sobre la deshumanización del cuidado
Parecen ser algunos precedentes de la llamada deshumanización de la salud el mecanicismo (descomponer el todo en partes para favorecer el estudio, desconociendo la sistematicidad de lo biológico, psicológico y social), el reduccionismo biológico (reducir el proceso salud-enfermedad al ámbito biológico), la división del trabajo, la subespecialización de la medicina, la economía neoliberal y la tecnociencia (Calvo, 2016). Algunas precisiones conceptuales son necesarias, especialmente sobre como la técnica, la tecnología y la tecnociencia contemporánea permean los procesos de atención y cuidado de la salud. Desde una mirada naturalista-antropocéntrica en la que la humanización cobra un valor superlativo parece difícil repensar el valor de la técnica y tecnología en el ámbito sanitario, especialmente porque se tiende a adoptar una visión egocentrista que asume lo humano como necesariamente bueno, estableciendo un sistema de defensa contra las técnicas, como si los objetos técnicos no constituyeran la realidad humana.
Estas concepciones guardan relación con tres valoraciones despectivas sobre la filosofía de la técnica. El primero de ellos, es el argumento del orden jerárquico, en el que existe una jerarquía entre lo natural y lo artificial, siendo lo natural ontológicamente superior a lo artificial. En este sentido, parece ser que el cuidado de la salud de manera “natural” pareciera tener una concepción ontológica superior que un cuidado mediado por artefactos. El segundo hace referencia a la neutralidad axiológica de la técnica, en la cual se conciben a los artefactos como simples herramientas al servicio de lo humano, y la técnica como instrumento de poder y dominación, como formas, mecanismos, estrategias y dispositivos políticos para defender estructuras de poder y dominación. Finalmente, un tercer argumento crítico de la técnica y la tecnología desde una mirada de la teoría crítica social afirma que “los artefactos, la mecanización y las máquinas, en especial las modernas, no solo son inherentemente políticas, sino que además son herramientas para mantener y defender determinadas estructuras de poder y dominación, dominación sobre la naturaleza y sobre los seres humanos. La función de la filosofía de la técnica sería denunciar ese estado de cosas” (Ríos et al., 2015: 270.)
Sin embargo, es preciso reconocer que, desde los albores de la medicina, la técnica ha tenido un rol fundante. El descubrimiento del fuego en el periodo neolítico permitió a las comunidades humanas mejorar la alimentación de una forma considerable, pudiendo acceder a una gama variada de alimentos. Por este mismo periodo histórico se comenzó a dar sepultura a los muertos y a establecer asentamientos agrícolas, lo cual cambió de forma considerable la morbimortalidad, haciendo que ciertas enfermedades se hicieran más frecuentes, mientras que otras disminuían. Por tanto, podría afirmarse que la técnica ha tenido un rol determinante en el proceso salud-enfermedad y en la constitución de la medicina cómo práctica (Gracia, 2011). En la ciencia de la enfermería existen diversos marcos conceptuales sobre el cuidado y el rol de la enfermera en dicho proceso.
Pensar en el ser humano sin pensar en la técnica no es algo que se pueda aceptar con ligereza. La técnica es la estrategia de la que se vale el hombre para sobrevivir, adaptando el medio ambiente a sí mismo, mientras que los animales se adaptan al medio. Lo técnico nos hace humanos (García Uribe, 2021). Desde otra perspectiva, de acuerdo con Monterroza et al.: “somos humanos porque vivimos en el mundo de la cultura, somos seres vivos que han desarrollado su lugar en el mundo con la mediación de un entorno de símbolos y artefactos enmarcado en distintos hábitats naturales. A ese mundo le hemos llamado cultura y está constituido por elementos tan dispares, pero a la vez tan distintivos y constituyentes de nuestra identidad, como las técnicas, los lenguajes, los conocimientos, las creencias y las normas, entre otros” (Monterroza et al., 2015: 271).
Reconocer la técnica y la tecnología contemporáneas como algo inherente a lo humano no implica abandonar una mirada crítica. De hecho, se debe dar continuidad y mejorar los mecanismos la evaluación externa e interna de las tecnologías, especialmente en consideración con las consecuencias a corto y mediano plazo. De acuerdo con Quintanilla (1998), existe una increíble amplitud e indefinición del conjunto de posibilidades que hay que considerar y además se carece de un punto de referencia estable para determinar las consecuencias sociales de una tecnología. En este mismo sentido, el autor afirma “cualquier tecnología de cierta importancia terminará alterando en mayor o menor medida la estructura social, las costumbres y la vida cotidiana en general (Quintanilla, 1998: 136). ¿Podría acaso esta forma de adaptar el medio para la supervivencia y satisfacción de necesidades verse grosso modo como una especie de cuidado? O desde la segunda mirada ¿podría la técnica como posibilitadora y constituyente de cultura, posibilitar y constituir el cuidado de la salud?
El cuidado y la técnica como ontología de lo humano
Una lectura ontológica del cuidado en Heidegger a través del mito de Higinio ha tenido mucho calado en el campo de la enfermería para describir la esencialidad del cuidado en la configuración de lo humano (García Uribe, 2021a; Siles González y col., 2007). Esta misma fábula también se ha utilizado en otros campos disciplinares para resignificar el cuidado como categoría conceptual amplia que trasciende la salud humana, como en el caso de Boff (2002) en su apuesta por el cuidado del ambiente y la casa común. Sin embargo, estas exégesis se delimitan a endiosar el cuidado y dejan de lado un posible sincretismo entre técnica y cuidado en la esencia de lo humano. El fragmento citado puede apreciarse a continuación:
Al atravesar Cuidado un río, ve un gredoso barro, y cogiéndolo meditabunda lo comenzó a modelar. Mientras piensa en lo que hiciera, Júpiter se presenta. Pídele Cuidado le dé espíritu y fácilmente lo consigue. Como Cuidado quisiese darle su propio nombre, niégase Júpiter y exige se le ponga el suyo. Mientras ellos discuten, interviene también la Tierra pidiendo que su nombre sea dado a quien ella el cuerpo diera. Tomaron por juez a Saturno, y este, equitativo, juzga: ‘Tú, Júpiter, porque el espíritu le diste, en la muerte el espíritu y tú, Tierra, pues le diste el cuerpo, el cuerpo recibid, reténgalo Cuidado mientras viva, porque fue la primera en modelarlo. Y en cuanto a la disputa entre vosotros por el nombre, llámesele hombre, ya que del humus ha sido hecho’ (Heidegger, 2018: 198).
En la descripción e interpretación heideggeriana se resalta el hecho de que no solo se considera el cuidado como posibilidad de lo humano, condición originaria de todo cuanto es, “y de aquello a lo que el Dasein humano pertenece durante toda su vida, sino que también se concibe al cuidado en conexión con la conocida concepción del hombre como compuesto de cuerpo (tierra) y espíritu (Heidegger, 2018: 199). Cuidado de acuerdo con este mismo filósofo puede tener dos acepciones, una de afán y ansiedad, otra de dedicación y posibilidad de ser en su buena naturaleza, de ser proyecto, de ocuparse de su condición de arrojado.
Otros autores (Boff, 2002), parten de la propuesta de Heidegger para realizar una interpretación un tanto más ecológica de esta misma fábula, manteniendo el rol protagónico del cuidado: “él es el generador y el plasmador del ser humano. Y se hace responsable de él durante toda su vida, sosteniéndolo y cuidándolo. Somos fruto de un acto continuado y prolongado de cuidar en el tiempo y en el espacio, en todos los momentos y circunstancias mientras el ser humano viva” (Boff, 2012). Este mismo autor, propone el cuidado como principio de precaución y prevención, como un gesto amoroso y una actividad protectora frente a la casa común. Es precisamente esta acepción del cuidado como un gesto, la que ha provocado una relectura e interpretación del mito descrito en Ser y Tiempo.
Cuidado al caminar por el rio, observa y examina cuidadosamente el lugar que transita. Esta primera forma del cuidado podría ser análoga a lo que se describe en la disciplina de en enfermería como valoración: “Es un proceso planificado, sistemático, continuo y deliberado de recogida e interpretación de información que permite determinar la situación de salud que están viviendo las personas y la respuesta a esta. Llevar a cabo el proceso de valoración conlleva, desde el inicio la toma de decisiones importantes: qué información es relevante, qué áreas son de su competencia, cuál debe ser el enfoque de la intervención, decisiones que, sin duda, son influidas por los conocimientos, las habilidades, las conceptualizaciones, y las creencias de la enfermera” (Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, 2013).
Desde otra perspectiva (Bermúdez de Castro, 2010), la ontogenia del género Homo fue constituida por dos cosas fundamentales: el desarrollo de una fisio anatomía especializada (postura bípeda, agarre en pinza y desarrollo funcional y anatómico del lóbulo frontal) y la adopción de la selección técnica como mecanismo de adquisición de complejidad. De tal forma, que la hominización favorece la humanización como proceso social y cultural. Es decir, lo humano surge cuando un grupo de primates utilizó sus extremidades para producir objetos, cuando se hizo familiar la producción extra somática de útiles y el hábito práctico de usarlos (Carbonell y col., 2000). De tal forma que parecen contraponerse dos argumentos sobre lo humano, uno que da prelación al rol de las habilidades técnicas e instrumentales y otro en favor de la habilidades sociales y relacionales.
En el caso de la enfermería, para cuidar se requiere valorar al paciente y su entorno. Para ello se recurre a la semiotecnia o maniobras de exploración y examen físico, inspección, palpación, auscultación y percusión. Sin embargo, para realizar este proceso de valoración, es fundamental establecer una relación de ayuda o terapéutica con el paciente, a través de valores como la compasión, el respeto y la empatía (Muñoz Devesa et al., 2014). Esta simbiosis entre valores y técnicas para la valoración de las personas y su entorno constituyen el pilar del quehacer enfermero. En este mismo sentido autores como Martínez Mendizábal (2017), afirman que no son los genes compartidos, sino los ideales y valores en común, y su religación con la argamasa que produce el amor, aquello que hace que podamos dar la vida por los otros.
La valoración en el sentido de observar, percibir e interactuar con el entorno es un fenómeno biológico, es decir, siempre e ineludiblemente estamos valorando, en el caso de la enfermería cabe preguntar: si para cuidar se requiere valorar y para valorar se precisa de técnicas de exploración física, ¿podría afirmarse entonces que sin técnica no hay cuidado?
Referentes conceptuales del cuidado como Carper (1975), ha propuesto los patrones de conocimiento del cuidado enfermero con mirada desde la epistemología partiendo de un análisis de la estructura conceptual y sintáctica del conocimiento de enfermería. La propuesta de la autora culmina en la integración de los patrones ético (conocimiento moral), estético (el arte de la enfermería), empírico (la ciencia de la enfermería) y personal (conocimiento personal). Ya desde esta mirada es posible encontrar estrechas relaciones entre las dimensiones técnicas y relacionales inherentes al cuidado de enfermería. De tal forma que desconocer esta simbiosis entre lo técnico, lo empírico, lo artístico, lo relacional y lo ético, podría ser desconocer al cuidado mismo como concepto y como fenómeno.
Esto es solo una mirada del fenómeno en el caso de la enfermería, una perspectiva diferente puede ser descrita en términos de hominización y humanización del ser humano en relación a técnica y cuidado. De acuerdo con Byock (2012), un fémur roto que cicatrizó sería uno de los vestigios de un grupo de primates que cuidaban unos de otros y a través de estos lazos de cuidado, se forjaron vínculos que posibilitaron las primeras comunidades y asentamientos. En esta misma línea, Sáez (2019) propone que la compasión y el cuidado son constituyentes de los procesos de hominización. Esto biológicamente es posible explicarlo por la inmadurez fisiológica al nacer que favorece una interdependencia existencial. La técnica también ha sido descrita como uno de los primeros indicios de humanidad. Algunos autores afirman que los hallazgos arqueológicos de herramientas son evidencia de comunidades de homínidos (Harari, 2011). Parece ser que al menos desde esta lectura histórica y evolucionista el cuidado y la técnica son constitutivos del proceso de hominización.
En el caso del concepto humanización puede ser un poco más complejo, en especial porque no se tiene un consenso claro del término. Humanizar es un verbo que hace referencia a hacer o convertir en humano, civilizar. De su raíz humus, referente a la tierra, terrícola o terrenal tiene una acepción un tanto contraria a un ser divino. Referencias similares pueden identificarse en el hebreo Adam (hombre), Adamah (tierra) (Etymonline, 2023). Desde esta mirada, podría hacerse una primera aproximación hermenéutica hacia el verbo humanizar: es una acción que alude a conferir o favorecer características humanas a algo, estas características son terrenalmente hablando diferentes de las deidades, es decir, hay espacio para la imperfección. Sin embargo, usualmente, en el campo de la salud, la educación y la guerra se suele hacer referencia a humanizar en el sentido romántico del término o desde una visión humanística que pareciera desconocer la posibilidad de imperfección de lo humano, es decir, el egoísmo, la ira, la avaricia, la codicia y muchos otros más defectos propios de lo humano.
Una mirada que conciba en lo humano el eros y el tanatos podría reconsiderar el concepto humanizar y humanización. Aun así, si persistiéramos en la idea de que es posible humanizar la salud y el cuidado de enfermería si fortalecemos las llamadas habilidades blandas, no se sostiene la afirmación sobre que la técnica y tecnología son el principal obstáculo para humanizarnos y tampoco el primer paso deshumanizante. Podrían esgrimirse para ello tres argumentos relacionados con las concepciones tecnológicas de la contemporaneidad (Ríos et al., 2015):
Desde una mirada instrumental de la tecnología, es posible afirmar que es el uso de la tecnología lo que tiene unas implicaciones éticas importantes y que por sí misma la tecnología es neutral.
La tecnología está inmersa en macroprocesos económicos y políticos, actualmente, en un modelo biotecnocientífico que conduce a una racionalidad particular de la época, a una supeditación de valores y conocimientos sobre otros.
“La técnica como formas de acción prácticas guiadas por fines y propósitos, en principio, funcionales. Es una manifestación de la agencia humana que sería algo así como la capacidad de transformar una parcela de la realidad inmediata mediante acciones intencionadas reflexivas” (Monterroza, s. f.). En esta misma línea, es posible adoptar una visión sistémica de la tecnología, considerándola “como una combinación de componentes físicos, como máquinas, herramientas y equipos, junto con procesos y sistemas organizacionales, como procedimientos, reglas y políticas, pudiendo también incluir componentes sociales y culturales, como las actitudes y valores de los usuarios, así como las normas y estándares de la sociedad en la que se utiliza” (Monterroza, s. f.)
¿Realmente el hombre deja de ser lo que es como sujeto pensante, relacional y con defectos inherentes a su condición misma por la existencia y relación con artefactos y tecnología? O al contrario, ¿acaso somos tan humanos, tan maleables, que transformamos y nos transformamos con los artefactos y la acción técnica como la arcilla del mito?
La técnica y la tecnología como posibilidad del cuidado
En un mundo técnico no es posible prescindir de la técnica para el cuidado. Pero también, por más técnico que sea el mundo, la humanidad y la contemporaneidad, aunque hoy se hable de tecno personas (Echeverria & Almendros, 2020), lo humano son seres que cuidan y requieren cuidados. El avance tecnológico ha supuesto un cambio en las condiciones de vida, algunos autores nombran esto como una “vida mejor” (Elias, 1998). De acuerdo con este autor, “El agua para lavar y cocinar tenía que ser traída hasta la casa y para esto se gastaban 10 minutos de camino; luego el agua fue entubada e introducida en la casa, y este hecho representó un perfeccionamiento en las condiciones de vida, reduciendo el tiempo de trabajo pesado” (Elias, 1998).
En el caso de los cuidados de enfermería podría hacerse una historia de los artefactos e insumos del cuidado. Un ejemplo fáctico podría ser las jeringas, hechas desde plumas, fuelles de cañón, vidrio reutilizable, plástico, hasta catéteres y bombas adaptadas con sensores. La jeringa supuso un desarrollo conceptual en el marco de la atención en salud, con conceptos como inyectable, inyección, intravenoso, intramuscular, incluso un saber especifico, la inyectología (Lépine y col., 2010). En el imaginario colectivo las enfermeras ponen inyecciones, no obstante, su práctica y su campo disciplinar no se restringe a ello, puesto que existen enfermeras investigadoras, educadoras, de prácticas avanzadas y trabajo con comunidades, todas ellas enfocadas al cuidado como concepto y como práctica, pero como práctica es imposible concebirlo atécnico. Incluso los cuidados artesanales suponen técnicas específicas, los brebajes y rezos de los chamanes, las caricias y masajes de las doulas (una persona, usualmente enfermera, que ayuda a las mujeres embarazadas y acompaña durante el embarazo, el parto, el postparto y los cuidados al recién nacido). Podría incluso pensarse que una intervención de enfermería, como el acompañamiento silente o la presencia (acompañar al paciente en silencio, solo presencia y escucha, codificada en el manual de intervención de enfermería con código 5340) (Bulecheck et al., 2014) es una técnica siempre y cuando suponga una acción intencionada y reflexiva. Todo esto supone un arsenal técnico y tecnológico para el cuidado.
Esta relación entre cuidado y técnica es dialógica, así como el cuidado es per se un gesto técnico, lo técnico desde una mirada posibilista supone un cuidado, una forma especial de relacionarse con el mundo. El cuidado es precisamente lo que se requiere para hacer de la tecnología una posibilidad coherente con la vida misma. “La tecnología amplía nuestro espacio de posibilidades, nuestro mundo, es un mundo de posibilidades. Nuestra memoria está constituida por lo que fue y por lo que no pudo ser, por lo que se actualizó y por las posibilidades no realizadas, cuyo no realizarse dejó huella en nuestro recuerdo personal o en la memoria colectiva. Cada innovación tecnológica, por leve y mínima que sea establece una bifurcación en las trayectorias posibles” (Broncano, 2007). Sin embargo, es preciso reconocer las posibilidades posibles y aprovecharlas, es justamente en esta parte donde el cuidado, como racionalidad y emotividad relacional cobra un valor superlativo, porque es precisamente el valor necesario para posibilitar técnicamente lo que hoy es posible y el imposible del mañana.
Conclusión
Cuidado y técnica no son dos conceptos opuestos, ni contradictorios. Ambos son constitutivos de lo humano, por lo que es contradictorio hablar de deshumanización de los humanos y del cuidado, argumentando que son la técnica y la tecnología los grandes culpables de ello. Esto particularmente ha tenido gran calado en la ciencia de la enfermería. Ante ello, una mirada posibilista de la tecnología y una conceptualización alrededor del cuidado y la técnica es más que necesaria, reconociendo que en lo humano convergen tanto el Eros y el Tanatos, por lo que hablar de humanización puede ser un tanto problemático. La tecnología es posibilidad del cuidado y el cuidado podría posibilitar una acción técnica y producción tecnológica más ecuánime y responsable. La innovación no supone per se pérdida de sensibilidad, por el contrario, la sensibilidad favorece la innovación. En este sentido una relectura del mito del cuidado en el que se reconozca la técnica como ontología de lo humano, puede ser crucial, no para endiosarla tras la muerte de Dios, sino para que bajo la batuta del cuidado moldee el barro ante la mirada y juicio temporal del cronómetro divino, porque el cuidado es posibilidad de la existencia, incluso de la existencia técnica y tecnológica.
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